Prof. Chris Morash, Presidente del Comité evaluador

Al nominar un libro para el Dublin International Literary Award, su biblioteca participa en un proceso que aúna a bibliotecarios y lectores de todo el planeta para encontrar al ganador del premio más cuantioso del mundo para una novela en inglés. El Dublin International Literary Award también es el único premio literario en inglés que concede parte del premio al traductor, si la obra ganadora es una traducción. La tarea de encontrar un ganador adecuado comienza con usted. Pero la tarea final de examinar a fondo todas las nominaciones y declarar un ganador recae en el jurado. Entonces, ¿qué es lo que buscan los miembros del jurado? Al considerar una nominación, hay que tener en cuenta algunos puntos.

La escritura
En una novela, lo primero que llama la atención del lector es la calidad de la escritura. Si bien esto puede tener muchos significados diferentes, en una gran novela siempre se tendrá la sensación de que no hay ni una sola palabra fuera de lugar. Esto no significa necesariamente que la escritura tenga una cualidad poética, aunque sí que puede significar precisamente eso: en el comentario sobre el ganador de 2015, Cosecha de Jim Crace, el jurado destacó que “parece un largo poema en prosa; suena al oído como un río de palabras”. Igualmente, El mundo conocido de Edward P. Jones (ganador en 2005) tenía “pasajes de intenso lirismo”. Pero también puede significar lo contrario: que la escritura esté reducida a su esencia, como fue el caso de Sufrían por la luz de Tahar Ben Jelloun (ganador en 2004), que a decir del jurado estaba “narrado con una abrasadora simplicidad y el lenguaje más sobrio”; Todo está tranquilo arriba de Gerbrand Bakker (ganador en 2010) estaba “escrito de manera muy sobria”, mientras que La bestia del corazón de Herta Müller (ganadora en 1998) poseía “una elocuencia espartana”. Independientemente de la manera en la que esté escrita, una novela nominada al Dublin Literary Award debe poseer un estilo característico, que vaya mucho, mucho más allá de la simple prosa servicial. Siempre debería producirse ese momento en el que el lector se detiene y se dice a sí mismo: “¡Vaya!, esto es escribir bien”.

Comentarios sobre la literatura de género
En las bibliotecas de todo el mundo, millones de lectores de todo tipo disfrutan de la literatura de género. Las novelas policíacas, románticas, de terror o de ciencia ficción ofrecen a sus lectores precisamente lo que esperan, ya sea una punzada de miedo o un discreto sollozo. ¿Pero dónde encaja la literatura de género en un premio literario? Alguien dijo una vez que hay obras literarias que cumplen las normas de género y otras que las rompen. Cuando una novela rompe las normas, a su forma le pasan cosas nuevas o inesperadas. Eso es lo que se busca en un premio literario. Por ejemplo, El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez (ganador en 2014) utiliza la forma de una novela negra, en la que el narrador se ve arrastrado al mundo criminal tras un acto fortuito de violencia. No obstante, lo que sigue lleva al lector mucho más allá que la más extraordinaria novela negra normal. Ciudad de Bohane de Kevin Barry (ganador en 2013) es algo así como una novela del Oeste surrealista. Sin embargo, nadie la confundiría con una de Zane Grey. Nosotros aplaudimos que una novela haga disfrutar de lo lindo a los lectores. Las buenas obras de literatura de género pueden llegar a ganar el Edgar, el Hugo o el Silver Dagger, aunque no tienen tantas opciones de ganar el Dublin Literary Award. La sencilla regla general de la literatura de género es: si uno tiene que preguntarse si es literatura de género, entonces probablemente no lo sea.

Local e internacional
El proceso de nominación es una de las cosas que hacen realmente internacional al Dublin International Literary Award. Docenas de bibliotecas como la suya en todo el mundo son los ojos y los oídos del jurado, y parte de la emoción del proceso es no saber nunca de qué parte del planeta surgirá una nueva y característica voz literaria. A lo largo de los años, las bibliotecas han hecho una gran labor de promoción de sus propios autores a través de sus nominaciones. Sin embargo, hay una útil distinción a tener en cuenta aquí. Hay novelas que muestran su comunidad local a los lectores de una manera nueva y fresca. Tanto es así que pasan por alto lo que podrían considerarse detalles históricos no asimilados, demasiado dialecto, tramas rutinarias o una escritura tosca. Pero no es probable que una novela así viaje bien. Para que una novela que está firmemente arraigada en una localidad determinada tenga el mismo impacto en el público internacional, debe ser también una gran novela, con esa cualidad de escritura característica y esa capacidad de asombro ante lo que una novela puede hacer. A lo largo de los años ha habido varios ganadores firmemente arraigados en el universo local del escritor que, aun así, han conectado con lectores de todas partes. Sangre de mi sangre de Alistair MacLeod (ganador en 2001) es de alguna manera el paradigma de la novela localista. No obstante, la belleza de su escritura consiguió que Cabo Bretón, en Nueva Escocia, forme parte de la geografía imaginaria de miles de lectores de todo el mundo. Lo mismo puede decirse de Salir a robar caballos de Per Petterson (ganador en 2007) con respecto a la Noruega rural o Todo está tranquilo arriba de Gerbrand Bakker (ganador en 2010) con su evocación del campo neerlandés. Es más, las nominaciones de novelas enraizadas en un universo particular a veces provienen de bibliotecas del otro extremo del planeta, lo que bien podría ser la verdadera prueba de fuego de la capacidad de un libro para llegar más allá de su propio territorio. Por ejemplo, Idaho de Emily Ruskovich (ganador en 2019) es, tal y como el título sugiere, una intensa evocación del Mango de Idaho, donde la autora creció. Pues bien, fue nominado por una biblioteca de Bélgica.

Stadtbücherei Frankfurt am Main

Traducción e internacionalización
El Dublin International Literary Award es el único gran premio literario de novela en inglés que reparte el premio entre el autor y el traductor, si la novela ganadora es una traducción. Esto no facilita las cosas a la hora de organizar el proceso de evaluación, ya que traducir una novela lleva su tiempo. Pero creemos que merece la pena. Si el premio aspira a ser verdaderamente Internacional, tiene que estar abierto a otras voces más allá del mundo anglófono, y la traducción es la manera en la que esas voces pueden ser escuchadas por nuestros lectores anglófonos. Por eso recibimos con sumo gusto novelas traducidas. Este hecho abre especialmente el proceso a bibliotecas de comunidades multilingües. Cuando las culturas se entrecruzan, pasan cosas interesantes. Dicho esto, el jurado no da prioridad alguna a las novelas traducidas, ni hace concesiones a traducciones que no hagan justicia a la novela original. “Era mejor en español/húngaro/urdu, etc.”, es un comentario que no permitimos en el proceso de evaluación. Reconocemos al traductor en el premio porque para nosotros, la novela traducida se considera una obra literaria en inglés por derecho propio. En los veintisiete años de existencia del premio, nueve de los ganadores han sido novelas traducidas, de seis idiomas distintos: turco, neerlandés, noruego, alemán, francés (tres veces) y español (dos veces).

Y el ganador es (otra vez)…
Hay novelas que simplemente parecen atraer premios. A veces es porque una novela es tan maravillosa que varios jurados independientes llegan a la misma conclusión. Pero a veces se tiene la sensación de que un premio atrae a otro premio. El jurado del Dublin Literary Award no tiene en cuenta si la novela nominada, o su autor, ha ganado premios anteriormente o no. Esto es especialmente importante para nosotros. Dado que permitimos obras traducidas, trabajamos con plazos de tiempo más amplios que otros premios literarios. Por eso, para cuando una novela participa en el Dublin Literary Award, puede haber cosechado ya otros galardones. Nos enorgullece el hecho de que tanto un novelista debutante como un Premio Nobel tienen las mismas posibilidades de ganar. Así, Emily Ruskovich (ganadora por Idaho en 2019) y Rawi Hage (ganador por El juego De Niro, 2008) eran ambos escritores noveles. También dejamos de lado las críticas. Aunque el jurado está compuesto por personas que de un modo u otro forman parte del mundillo literario, y sin duda se han topado con críticas de algunas de las novelas nominadas, éstas no desempeñan papel alguno en el proceso de evaluación. Otro comentario que no permitimos es: “X dijo en London Review of Books que esta era una obra maestra”. La respuesta es: “Bien por X. Pero esta persona no es miembro de este jurado”.

Asombrar
Lo que subyace bajo todas estas consideraciones es que el Dublin International Literary Award es a fin de cuentas un premio literario. Si hay una cualidad que busca el jurado es precisamente ese momento en el que una novela produce esa sensación de asombro que es tan difícil de definir. Si pudiésemos definirla, la embotellaríamos y la comercializaríamos. A veces surge al leer una novela que hace algo nunca visto. Huesos de sol de Mike McCormack (ganador en 2018), por ejemplo, logra crear una novela profundamente humana y muy fácil de leer sin un solo punto. Teoría general del olvido de José Eduardo Agualusa (ganador en 2017) mezcla narrativa con versos poéticos y fragmentos de texto para urdir una novela cuya estructura no se parece a ninguna otra. En otros casos el asombro proviene de la creación de una voz narrativa tan convincente que es como sin un nuevo ser humano completo cobrara vida en las páginas. The Master – Retrato del novelista adulto de Colm Toibin (ganador en 2006), por ejemplo, parece una novela sobre Henry James escrita por Henry James. En Me llamo Rojo de Orhan Pamuk (ganador en 2003), el lector se encuentra dentro de la mente de un miniaturista en el exótico Estambul del siglo XVI. De una manera muy diferente, el asombro ante lo que podría denominarse “creación de mundos” es lo que convierte a Ciudad de Bohane de Kevin Barry (ganador en 2013) en una delicia. Y lo mismo puede decirse, aunque de un modo distinto, de Ni siquiera los perros de Jon McGregor (ganador en 2012), cuyos protagonistas son un grupo de adictos sin hogar y de la que el jurado escribió: “Transmite al lector de manera muy vívida cómo la novela se adapta a nuevas técnicas y modismos”. En última instancia, parte de lo que convierte al Dublin Literary Award en un placer es que no hay una receta mágica. Y aun así, cada año durante los últimos 27 hemos encontrado una y otra vez la confirmación de que la novela como estilo literario es capaz de hacer cosas nuevas, o de hacer las cosas viejas de formas que nunca habíamos imaginado. El jurado de 2004 dio en el clavo al escribir sobre el ganador de ese año, Sufrían por la luz de Tahar Ben Jelloun: “Reitera, como solo lo hace un libro de vez en cuando, la verdadera finalidad de la literatura”.

Prof. Chris Morash, FTCD, MRIA
Presidente del jurado
Dublin Literary Award